¿A dónde vamos a parar?


Foto: www.mexicanbusinessweb.com

Nuestros alimentos son procesados, refinados, concentrados, edulcorados, sazonados y preparados químicamente para estimular el paladar con sensaciones de elevadas calorías y escasos nutrientes.

El ganado es alimentado en corrales de engorda sin lugar para que hagan ejercicio. Su comida contiene abundancia de antibióticos y sustancias promotoras del crecimiento. El resultado es un ganado de mayor tamaño, con carne más jugosa y dos veces más grasa que el ganado criado al aire libre en granjas con abundante pasto. Estamos pagando muy caro por estos «adelantos». Mientras comemos para vivir, lo que estamos comiendo nos está matando.

Los villanos – el escaso contenido de fibra y el el exceso de grasa-, cobran sus derechos dañando las arterias que transportan el oxígeno vital para el cuerpo, y trastornando importantes funciones metabólicas.

La obesidad es epidémica debido al metabolismo desordenado causado por estilo de vida desequilibrados y un nuevo caso de diabetes se diganostica cada 50 segundos.

Antes del comienzo de este siglo, la dieta norteamericana consistía principalmente de alimentos cultivados en los huertos locales y en las granjas cercanas, completamentados por algunos artículos adquiridos en el almacén del pueblo y carne de animales criados localmente y de ganado engordado en granjas con abundante pasto. Nuestros abuelos no tenían miles de artículos alimenticios envasados y promovidos por los medios de comunicación, que esperaban en los supermercados. Tampoco había restaurantes con comida cargadas de grasa y azúcar en casi cada esquina.

El alimento principal de la dieta eran los granos: de trigo, avena, cebada y otros cereales que abundaban en todas partes.

Pero los tiempos y los gustos cambiaron en forma dramática. Cereales como la avena han sido reemplazados por hojuelas o copos de trigo con azúcar. El alimento habitual consiste de ensalada con abundante aderezo aceitoso, una hamburguesa y un refresco. Entre comidas la gente consume bebidas gaseosas, papas fritas, galletas, chocolates, donas.


Foto: news.bbc.co.uk

Pero entonces, ¿qué hacer?

La educación de la gente es la clave. Las personas se sienten mas dispuestas a efectuar cambios a medida que se entera de que el refinamiento de los productos alimenticios les roba la mayor parte de su fibra y nutrientes, y que el procesamiento les añade calorías, disminuye su poder nutritivo y aporta decenas de aditivos químicos.

Consumir comida orgánica también es un gran paso. Comer local o lo más natural posible, libre de químicos, herbicidas, pesticidas, hormonas y colorantes.

La asesoría profesional es importante para poder llevar ese cambio de estilo de vida saludable.

Pregúntame, yo te ayudo.

Un abrazo.

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